CUENTOS DE PEDRO RIMALES

Una ocasión, allá por un camino, iba Pedro Rimales sin medio. Cuando lo acosó el hambre se apartó un poquito del camino y en tres piedras montó la ollita de barro que llevaba y le atizó unas chamicitas. Con un pedacito de carne que le quedaba se puso hacer caldo, y así que estaba hirviendo, vió que venían unos blancos de acaballo.

Apagó la candela y sacó la ollita pa medio camino. Cuando los blancos vieron la ollita hirviendo sin candela, se hablaron entre ellos y dijeron que, qué tan bueno una ollita así pa calentar el almuerzo por ai en los caminos.

-¿Y esa olla... herve sola?- le preguntaron.
-Sí, señores. Herve sola.

Los señores se entusiasmaron mucho y ofrecieron por la olla. Pedro Rimales se hacía de rogar hasta que subió mucho el precio y entonces la vendió.

Cuando los blancos fueron a calentar la comida, arrimaron tres piedras, montaron la ollita y se pusieron a esperar.
Cuando ya los cogió la noche tentaron l'agua y taba fría.
-Ve aquel hombre como nos engañó!
Quebraron l'olla y se fueron.

* * * * *



Chiva de Guadua - Cartago (Valle)



Por allá más adelante, topó Pedro Rimales un hombre que llevaba una manada de marranos y le dijo :
-¿Pa ónde vas con mis marranos? ¡Aguardate y verés!
-¿Sus marranos? ¡Más harto! Estos marranos no son suyos. Son de un señor que los manda a vender a la feria.
-¡No m'hijo! Estos marranos son míos : mire la marca y verá.
-¿Y qué marca tienen?
- Un hoyito debaju'e la cola.

Miraron la marca en cada marrano, y, como todos tenían, el arriero los entregó y se fue de guida, no fuera y lo cogieran andando con marranos robaos.
Entonces Pedro Rimales se fue pal pueblo y los vendió a la carrera, pero puso la condición de que le devolvieran las colitas apenas los mataran.
Se fue con las colitas y las enterró en un pantanero muy grande y muy espeso que había en la entrad'el pueblo. De ai mandó llamar un carnicero y le dijo, mostrándole las colitas:
-Vea, hombre, los marranos que traia pa la feria. Yo que tenía que venderlos temprano pa volverme pa la finca. No me puedo demorar. ¿Usté por qué no los saca? Yo se los doy baraticos, pa que los desentierre.

El carnicero le ofreció la mitá de lo que pensó que valían, carculando por el tamaño de las colas. Pedro Rimales le aparó la caña y se largó.

El carnicero le mandó la razón a su ayudante pa que se viniera con unos recatones. Así que el ayudante vino y se metió a sacar el primer marrano, jaló la colita y se quedó con ella en la mano:
-¡Tan podridos! - gritó.
-Podrido tarés vos! ¡Si se acaban d'enterrar!
Metieron las palas y recatones y no toparon nada.
-Ve aquel desgraciao, como me engañó. Aquí como que el único marrano que hay soy yo.

CUENTOS DE COSIACA

¡Este Cosiaca siempre es que era muy avispao! Ese no se varaba nunca, y por pobre que estuviera siempre andaba de buen humor y por lo menos la lata se la levantaba.

Cosiaca, ya en el asilo de ancianos, por el año de 1910
  En una ocasión llegó a Guaca. Allá había unas fiestas muy alegres que estaban en su fina.

- ¡Valientes fiestas tan buenas! - dijo Cosiaca-. Aquí sí que voy a pasar yo bien sabroso... pero, lo importante ahora es ir a almorzar, que está haciendo mucha hambre!

Se entró a una fonda , muy campante, aunque sabía que no tenía para el almuerzo.
Llegó al comedor, se acomodó bien y dijo :
- Bueno, mi señora. Necesito que me sirvan un almuercito bien bueno. Pero tal como me lo sirven en mi casa.

- Cómo no señor. Ya mismito.

Le trajeron el almuerzo. Se lo comió y fue a salir muy orondo, sin pagar. Cuando lo atajó la mujer :

- Oiga, señor : ¡Usté no ha pagao!

- Qué voy a pagar, mi señora, si yo le advertí, que me sirviera un almuerzo como me lo sirven en mi casa y... en mi casa no me cobran...!

Por la noche se fue a merendar :
  • Vea, señora : sírvame un chocolatico.
  • Si, señor. Demás.
  • Pero en una tacita grandecita... y bien parviao...
  • Si, señor.
    Se sentó Cosiaca a beber chocolate y a comer. Y así que ya terminaba, sacó del bolsillo unas cucarachas que había llevao y las echó en la taza, con harto disimulo.
    Y comienza de esta manera :
  • ¡Gas! Virgen... ¡gas!
    Y haciendo arquiadas. Haciendo arquiadas;
  • ¿Qué le pasó, señor? ¿Qué le pasó?
  • ¿Cómo que qué me pasó? ¿Qué clase de fonda es esta? ¡Gas! ¡Auf! Ves las cucarachas que me encontré. ¡Gas!
  • Haga silencio, señor, -suplicaba la vieja- . ¡Calle la boca! ¡Mire que ya está mirando todo el mundo!!
  • ¡Gas! ¡Gas!
  • Ay, señor. Mire : bien pueda váyase y no le cobro la merianda.

  • Y Cosaica, que esto era lo que esperaba, salió satisfecho. Comió y merendó y nada le costó.

    Cosiaca [José García]

    Iba Cosiaca por la calle y al verlo un hombre al que le debía un cuarto, le gritó:
    -El cuarto, Cosiaca. El cuarto?
    -"Honrar a padre y madre"... -contestó corriendo.

    Cosiaca le pidió limosna a un caballero, y éste le respondió:
    - No tengo menuda.
    Cosiaca entonces dijo:
    - Esa es la carga de todos: "no teo menuda", "no teo menuda"; ¡como si a Cosiaca no le gustara la gruesa!



    Cosiaca era oriundo de Heliconia, José García, su verdadero nombre, es el protagonista de muchos cuentos folclóricos de Antioquia. Este personaje fue conocido por su sentido del humor cargado de vulgaridades e ironías.
    Iba Cosiaca de pueblo en pueblo contando sus travesuras y manifestando su odio a las autoridades y la aristocracia. Era común encontrarlo descalzo, con ruana, perrero y sombrero.

    Algunas anécdotas que reflejan su gracia son las siguientes:
    Estando una vez en unas fiestas de Guaca (ahora Heliconia) entro a una fonda, a pesar de no tener dinero para pagar, y pidió "un sancochito bien bueno, pero como me lo sirven en mi casa" Cuando le trajeron el almuerzo se lo comió y salió muy tranquilo sin pagar la cuenta.
    La dueña de la fonda lo alcanzo y le pidió que cancelará la cuenta, y cosiaca, con natural gracia le contesto: Señora, pero si yo le advertí que me sirviera un sancocho como me lo sirven en mi casa y en mi casa no me cobran...

    En otra oportunidad Cosiaca le pidió limosna a un caballero, y este le respondió que no tenia menuda. Cosiaca entonces dijo: Eso es lo que me dicen todos: no tengo menuda, como si a Cosiaca no le gustara la gruesa.




    MONTECRISTO

    Pero sin lugar a dudas un gran humorista de que marcó época, fue el crédito del municipio de El Carmen de Viboral, nacionalizado en El Santuario (Antioquia), Guillermo Zuluaga Azuero, el popular "Montecristo", y decimos que sin lugar a dudas, ya que el humor de Antioquia puede decirse que,
    "es antes de él y después de él".

    Guillermo Zuluaga * Montecristo
          El primero fue llamado "El Café de Montecristo", un espacio de humor costumbrista originado en "La Voz de Antioquia" de la Cadena Radial Colombiana (Caracol).
    El programa tomó después varios nombres y se emitió por varias cadenas radiales. El Granero de la Esquina, Las Aventuras de Montecristo, El Hotel Bochinche, fueron algunos de esos nombres.

    Durante décadas estuvo asociado el humor «antioqueño» con Cosiaca, con Tío Conejo, con Pedro Rimales y con el que fuera el humorista más paisa... Guillermo Zuluaga, Montecristo, que caracterizó prototipos que quedaron por ahí volteando en la memoria colectiva.
    Lo multifacético, la gran cantidad de personajes como:
    Montoño, Montecristico, Montecristote, Montecrisñato, Montecrispucho y muchos más, hicieron reír a los colombianos desde el dial antioqueño, con todas sus ocurrencias, por casi 50 años.

    El Santuario (Antioquia), era una ciudad que se reía como si fuera un pueblo donde casi todos se conocían.
    Una generación después vino: País Paisa y Tola y Maruja (Carlos Mario Aguirre / Cristina Toro; Carlos Mario Gallego / Sergio Valencia) y con ellos todavía el público sigue riéndose.
    Pero con tantos hechos que trasformaron a Medellín, es un humor de otro estilo el que acompaña esta condición urbana, multicultural, en la cual el lenguaje, los hechos cotidianos, los personajes de barrio y el material noticioso son ingredientes de este sentido del humor que es un amasijo de miedos, supuestos, referencias, en las que se reconoce (y le arde) el que se ríe.
    La cantera de la trova en Antioquia ha mantenido al humor cercano al repentismo y la tradición de cuenteros y de exageración que siempre ha rodeado al temperamento antioqueño, es otra condición con la que nacen y crecen los que cada día «están de humor».

    Para conocer algo más de toda esa gente que nos ha legado el humor : H U M O R


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    LA CASA CAMPESINA

    En estas montañas antioqueñas se procura hacer la casa en un llanito, o que quede el llanito, de siquiera media cuadrita, adelante de la casa; pero muchas veces no se puede y hay que hacer banqueo, para aplanar la parte que ocupará la edificación, y aún ocurre que a veces es esto también imposible, y en algunas ocasiones se ven casas que tienen por un lado un piso y por otra hasta cuatro, o la altura equivalente.

    Casita montañera
       La casa está rodeada por el corralito el cual se limita con una cerca o alambrado. El sendero llega a la puerta de golpe, o de guaduas, pasada la cual llegamos a la manguita de adelante.

    Y allí está la casa : si es de tierra fría, será de tapias y estará techada con teja española puesta sobre 'cañabrava' que descansa en cargueras de pino. Si es muy pobre será de 'bahareque'.
    Si es de tierra caliente puede que tenga el techo de paja y en este caso se llama 'rancho de paja' y será muy pobre. También en tierra fría puede ocurrir que haya ranchos de paja, pero esto es muy escaso. En las tierras muy calientes también hacen casas de madera, pero las más viejas y más grandes será de tapia.

    Llegamos a la casita. Es blanca, encalada. Y muy limpia siempre, aunque por extrema pobreza tenga el piso de tierra.

    La casita más común tendrá piso de ladrillos. El corredor exterior está cerrado con barandilla de macanas y pasamanos de madera. En la viga de adelante, colgando de unos alambres están las matas de adorno, sembradas en canastillas hechas de alambres, con tapas de cerveza, o en tarros de galletas o bacinillas viejas. En los pilares de adelante se ponen repisitas para asentar una mata en cada una.

    En el corredor encontramos una tarima, una silla de brazos para el viejo o la vieja y unos taburetes de cuero con adornos pintados en el espaldar y en el asiento. Estos muebles, salvo la tarima, se entran a la salita cuando hay visita especial, y también por las noches.

    En las paredes del corredor de afuera hay pegadas unas láminas con escenas de cacerías en el Africa o en los Alpes Suizos.

                        La sala tiene cuatro puertas : la de adelante da al corredor del frente; la de atrás da al patio y las dos de los lados, dan a las alcobas.

    En un rinconcito está el altar, que es una mesita con una carpeta, sobra la cual están los santos de devoción, imagencitas de bulto, cuadros adornados con florecitas de papel y con papelitos de estaño de colores vivos. En el altarcito están las velas, una a cada lado, y recostados contra la pared o colgados de ella, muchos cuadros de santos, sin que falte la Vírgen del Carmen, -la gran devoción del pueblo antioqueño- y las Benditas Animas del Purgatorio.
    También están los retratos de los hijos que se han ido ya a colonizar el Quindío, el Valle, "a buscar la vida y con quien casase". Están allí los retratos "para que la Vírgen los lleve con bien y los cuide de todo mal y peligro". Hay floreros con flores de papel unos, y otros con flores naturales. Está el ramo bendito trenzado en forma artística, y el cual sirve para quemar en caso de una tempestad o una gran amenaza de las fuerzas de la naturaleza.

    En la alcoba encontramos las camas, que si la casa es muy, muy pobre serán hechas de guadua con sus cuatro patas clavadas en el suelo. Las camas tienen sus esteras de plátano y de junco, y estarán tendidas con la colcha de retazos pequeñitos primorosamente cosidos. Debajo de la cama está la bacinilla lociada o el beque de palo colocado sobre una tablita y tapado con otra tabla en forma de patena. El beque de palo se vacía por las mañanas y se limpia echándole ceniza de fogón.
    Dicen que a las mujeres de dieta les hace daño usar la bacinilla o mica, porque es muy fría, y deben de usar el beque, el cual generalmente se hacía de higuerón.
    Hay una o dos mesitas. En la pared penden los cuadros de La Muerte del Justo y del Pecador, además de un Cristo. Hay una percha para colgar ropa, sombreros, etc., la cual está hecha de cueros o de clavos de madera, o, las más nuevas, de bombillos fundidos.

    Está el baúl o el arcón. El arcón es de madera, a veces forrado en cuero, y el baúl es forrado en lata y pintado de vivos colores; en la tapa hay pegadas postales, láminas de las que salían en los paquetes de cigarrillos o de las que traían las piezas de liencillo, o recortadas de revistas viejas: allí puede encontrarse uno a Caruso o a la Bella Otero.

    Hay uno o varios garabatos para colgar cosas, como por ejemplo, la escopeta de fisto con su cacho lleno de pólvora y su jiquerita con tacos y el paquetico de las municiones.

    Pendiente de una viga mediante dos lazos, está la cuna del niño, que es un cajón.

                                Si pasamos a la cocina, nos encontramos con el fogón, armado de barro con ceniza y el cual tiene uno o dos huecos encima para poner las ollas, y al frente la boca destapada para meter la leña y las arepas que se asan entre las brasas. Colgando del techo, está la excusa para poner allí la leche en una totuma, los quesitos o los quesos, y las longanizas o chorizos, todo lo cual queda así defendido de perros y gatos.

    Portal Paisa

    Colgado de un clavo en la pared, el cedazo de crín, junto a otro de tela para el café.

    Subida en poyo está la forja, que es la que se usa para hacer el desayuno, el algo, la merienda o alguna bebidita que haya que hacer a deshoras, para no tener que prender el fogón. Y junto a la forja está la china. Colgada de un clavo en la pared está la olla de yátaro o la terralía llena de sal. En una repisa vemos un tarro de guadua con miel de caña, la olleta con su molinillo para batir el cacaíto y unas ollitas de barro.
    En el otro extremo del poyo hay totumas, calabazos y una cuyabra; cucharas de alpaca o de totuma y el cuchillo cocinero. En el suelo hay dos o tres canastos con papa criolla o legumbres.
    De varios garabatos penden trozos de carne salada. En un rincón encontramos la piedra de moler con su mano y al lado la cayana, algunos estropajos y ceniza para lavar. Recostada a la pared está la batea. De un clavo cuelga contra la pared, el locero de alambre para colgar los pocos platos y pocillos que hay, pues muchos prefieren la totuma, en vez del plato y el pocillo.
    Cerca a la piedra de moler está el plato de palo, con media libra de panela y la lezna con cogedera de cacho, para batir el dulce. El raspador de las arepas es una caja de sardinas llena de agujeros hechos con un clavo. No puede faltar la olleta o chocolatera de cobre o barro, con su molinillo de madera. Y es corriente encontrar la paila de cobre para hacer la natilla, el ariquipe y otros manjares por el estilo. Junto a ella, su mecedor de madera.

    Al pie de la cocina, en el corredor, está la mesita para comer y a su lado la tinaja o el filtro y tinaja para el agua fresca; el filtro compana de barro invertida, deja caer rítmicamente, lentamente su gotica de agua fresca; filtro y tinaja están encerrados en mueble de anjeo de un metro con treinta de altura, aproximadamente; al abrir la puertecita para sacar agua, hay, colgado de un clavito,un jarro de lata para sacar el agua de la tinaja, y, para evitar que algún perezoso vaya a beber en este jarro, su borde está recortado en zig-zag formando así agudos picos; el asiento de este jarro es agudo, como que no se destina a ponerse encima de la mesa.

    En el comedor, junto a la cocina, está la jaula con el sinsonte o el turpial, que comen plátano o naranja sin compasión. Y en otro puntico, por ahí cerca y donde no estorbe, hay, sostenida en dos horquetas, una olla vieja, quizás con algún agujerito o una rajadura; en ella se deposita la ceniza del fogón, y, cuando se necesita lejía, basta echarle agua y poner una vacija a aparar debajo.

    Senderos Paisas...

    El patio es empedrado en guijarros pequeños como del tamaño de huevos o un poco más, a veces formando dibujos en gris; hay maticas sembradas, muy usualmente azaleas, o novios.

    Detrás de la casa está la huerta, con eras de un metro por dos aproximadamente; las eras se marcan con piedras, ladrillos, y hasta las hemos visto con huesos. Allí se siembran legumbres; cebollas, repollos, coles, tomates, ají, remolachas y zanahorias principalmente, además de las matas de olor o medicinales, para condimentos.

    Y más atrás está la arboleda en donde se siembran naranjos, limones, el brevo que se abona con ceniza lavada, la que queda de hacer lejía, aguacates, mangos, zapotes, madroños, etc, etc. Y más allá los sembrados; plantaciones más o menos en grande de café o caña de azúcar, o yuca o papa o, en fín de lo que sea según el clima, la tierra o el gusto de los dueños.

    Pero no nos alejemos tanto, que tenemos que acabar de ver la casa. Ese cuartico que hay allí junto la casa y levantado sobre ese cañito de agua corriente, es el excusado. Entremos; el excusado es de cajón;un cajón fuerte bocabajo. Algunos tienen tapa. Y en un ganchito que tienen los editores para las obras que no merecen letra de imprenta, vemos -oh ironías del destino!- partidas en pedazos obras que sí la merecieron; revistas viejas... periódicos de hace un mes. Cuando no hay papel, una tuza basta...y sobra.. y soba!

    En fín, no estamos haciendo literatura. Sólo intantáneas. Salgamos.

    En aquel corredor vemos la hornillita de barro con su plancha de fierro, al pie de la mesa del aplanchadero.

    Más allá, cerca de la cocina pero al aire libre está la poceta; el agua viene por unas guaduas; allí se lavan los trastos; se lava la ropa en la piedra de lavar; se lavan las manos, y la cabeza; miren: en aquel pilar está el espejito para que se afeiten los hombres y se peinen las mujeres; junto al espejo está colgada una cola de vaca para poner el peine.

    La mata que cuelga de la pared es una penca sábila; tiene mil usos medicinales, pero se cuelga para que traiga buena suerte; la mata después de arrancada de la tierra fresca y jugosa, permanece colgada allí de una cabuya o de un alambre, sin recibir sol, ni agua por años, fresca y hasta crece viviendo del aire. Y aquella hoja de higo erizada de tunas, se cualga en el hueco de las puertas o ventanas para que no entren murciélagos. Y dicen que ni las brujas..

    Y allí no muy lejos de la cocina, está el pilón, de madera o de granito, con sus dos manos de madera y en cuyos extremos se han clavado clavos hasta la mitad que luego se tuercen. El pilón sirve para pilar maiz, que lo pilan las mujeres.

    Aquel cuarto grande y ciego es el cuarto de los aparejos y las herramientas. Hay una tabla larga pegada a la pared para que sirva de perchero;de unos clavos de madera cuelgan sillas de montar para hombres, galápagos de mujer, enjalmas, angarillas, silletas, sudaderos, alfombras, frenos, jáquimas, zurriagos y perreros, sogas, lazos, maneas, espuelas y espolines, zamarros de cuero liso y de cuero peludo, alforjones, encauchados, tablillas para destetar terneros, garabatos para ponerle a los marranos muy escarbadores o que se pasan por todo portillo, látigos, peines de cacho para peinar las bestias, sobre todo cuando las brujas las han montado de noche y les han hecho trenzas mal hechas, y cepillos de raiz para bañar caballos. Puede que haya zamarros de cusumbo, que son para andar a pie por entre la maleza.

    En los rincones, recostadas a la pared, las herramientas más necesarias; un pisón, una parihuela, el hacha, etc, etc.
    Cuelgan de sendos clavos, en sus vainas, machetes y peinillas viejos.

    Encima de la tabla, el garabato o la medialuna para coger fruta. A un lado está la pesebrera; un bongo grande de piedra o de madera para dar de beber a las bestias; otro para echarles aguamasa a las vacas. Largas canoas de madera para echarles yerba picada o caña picada a las bestias.

    Vivienda Paisa
       Aquel palo grueso y firme que hay allí clavado es el bramadero en donde amarran las reses para curarlas y allá, en media manga, una como canoa hecha de un palo muy grueso y montada en dos horquetas es para salar el ganao. Por allí anda la vieja torciendo cabuya con la tarabita. Con la tarabita se hacen lazos, cabuyas y se tuercen las sogas. Allí en aquel árbol duermen las gallinas. Se han puesto unas cuantas varas más porque hay muchas gallinas; ellas suben por este palo. Cuando todas están arriba, el palo se quita. Y el tronco del árbol está forrado de lata para que no se suba la comadreja ni la chucha.

    Hay más cosas en la casa? Vea, mi don: si ustedes quieren les puedo poner lo que quieran; desde una mesita pa armar tabaco, hasta un televisor último modelo, pero, estudiando la cosa bien estudiada, dejémosla así... con la mesita pa armar tabaco y la banquetica pa la vieja si quieren.. pero no más. Y nos vamos, antes de que nos tengan que poner la escoba detrás de la puerta. La escoba más común es la hechiza, de escobadura o de otras malezas por el estilo. También la de iraca, o la de palma de San Carlos. Hay una escoba un poco más durita, pa empedrados, es la que llaman escoba de palito. Y otra más dura, escoba de chuzos. Y otra más dura todavía, para la pesebrera, que es la escoba de bejuco. Esa es la que le vamos a poner a usté, si se descuida.



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