T A I R O N A

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Los Orígenes
Los Tairona
La Conquista
Los Kogi - Los I j k a
La Ciudad Perdida

La Ciudad Perdida

La Sierra Nevada de Santa Marta es un macizo en forma piramidal, separado de las cordilleras vecinas por bajas llanuras aluviales. Esta Sierra constituye la montaña costera más alta del mundo (5.775 m); su estrecha base es aproximadamente triangular y sus costados miden unos 150 kilómetros. Gran número de rápidas corrientes de agua, alimentadas por los nevados de las alturas de la Sierra, drenan en todas direcciones y descienden hacia tierras bajas de la costa.
La temperatura depende no sólo de la altura sino también de la proximidad de los nevados, de corrientes de aire frío que bajan por los valles y de la orientación geográfica de la respectiva vertiente.

Ciudad Perdida

Durante el año hay dos estaciones secas y dos lluviosas; la principal estación seca dura de diciembre a finales de marzo y es seguida por una lluviosa que perdura hasta el final de julio, cuando entra una estación seca menor con aguaceros al mediodía; dicha estación va seguida de otra lluviosa desde fines de septiembre hasta diciembre. Si bien esta pauta general de estaciones es bastante predecible, en cambio lluvias locales con frecuencia son impredecibles, dependiendo de muchos factores regionales. Durante la principal estación seca las vertientes orientales y las estribaciones de las colinas del norte y noroccidente están expuestas a fuertes vientos alisios del noreste, en tanto que algunos valles con orientación este-oeste de las vertientes norteñas como Palomino y los valles de los ríos Piedras y Manzanares son conocidos por sus vendavales parecidos al föhn. Las vertientes surorientales son las más secas; están situadas en la zona de vientos alisios y a la sombra de lluvias de la montaña. En cambio las vertientes del norte son considerablemente más húmedas debido a estaciones lluviosas de mayor duración y precipitación orográfica.
El total del macizo montañoso puede dividirse en una serie de pisos térmicos que van de la llanura tropical costanera a la subtropical, templada, fría y páramo. La característica selva densa y nubosa comienza a unos 2.000 metros y la línea de nieve a los 5.000 metros de altura.

La Sierra Nevada de Santa Marta y las tierras bajas circunvecinas han sido habitadas durante milenios.
La forma aproximadamente piramidal de la Sierra Nevada, con su estrecha base y su pauta de drenaje radial, se caracteriza por valles profundamente cortados, los cuales sólo se amplían en sus cursos bajos. Las características edáficas y climáticas de estos valles varían mucho y forman un complejo mosaico de microambientes, notables en especial en el piso térmico templado.



La Ciudad Perdida

Las Ciudades de Piedra

En sus escritos, los cronistas se refirieron insistentemente a los poblados aterrazados que a manera de jardines colgantes cubrieron gran área de la Sierra Nevada.

En ellos se refleja el asombro que produjo encontrar una población tan densa, y con una calidad espacial tan diferente en lo que llamaron "Sierra Tairona":

"Y porque si hay algún paraíso terreno en estas tierras de indios parece ser éste... está todo coronado de altas cumbres... espaldas y amagamientos poblados de crecidos pueblos de indios que se veían todos de todas partes con sus laderas con agradable vista... lo que más deleitaba la vista eran sus muchas plantas... limpieza y curiosidad, como la tenían en sus patios enlosados de grandísimas y pulidas piedras...como también los caminos de lajas de a tercia....(Simóm op.cit.)

Sin embargo, la conquista no supo entender ni respetar el valor de esta trama de ciudades, caminos y puentes. En las crónicas, se hacen repetidas menciones de las obras de arquitectura y de ingeniería y se describen detalles de las capitales de las principales provincias : Bonda, Betoma, Pocigüeica y Taironaca.

Sin remordimiento, también fue documentada la destrucción de estas ciudades y sus gentes : así, la arquitectura perecedera (de paja y madera), desapareció entre el fuego y humo, para sólo quedar los vestigios de piedra.

Ciudad Perdida

Un denso bosque tropical cubrió la desolación de la guerra y el abandono, escondiendo durante 400 años los basamentos líticos : la huella del urbanismo tairona.

En el siglo XIX geógrafos, naturalistas y viajeros atraídos por los bosques tropicales, los nevados y el Caribe, comenzaron a encontrar las ruinas de las antiguas ciudades y caminos, hasta entonces guardadas como lugares sagrados por los Kogi, Sanka e Ijka.

Más tarde, a comienzos de este siglo, el área empezó a ser estudiada por arqueólogos, quienes localizaron numerosos asentamientos líticos en las estribaciones costeras de la Sierra y el piedemonte.

Se identificaron entonces los principales componentes de la infraestructura de estos conjuntos urbanos :

"Al juzgar por las muchísimas poblaciones que había en la provincia de Santa Marta, por el sinnúmero de escuadrones de guerra que a cada paso salían al encuentro de los invasores y por los largos años que sostuvieron la lucha con sus conquistadores, no creo exagerado calcular en medio millón el número de sus habitantes para el momento del descubrimiento". (Ernesto Restrepo Tirado)

En los valles de la zona noroccidental de la Sierra Nevada se han encontrado más de 250 agrupaciones, entre ellas dos de las capitales : Ciudad Antigua localizada en uno de los afluentes del Río Frío y Ciudad Perdida en el Alto Río Buritica.

En esta última se pudieron conocer con detalle los basamentos urbanísticos de una de las legendarias ciudades de la Sierra Nevada.

Ciudad Perdida

El Conjunto Urbano Tairona, se nos muestra como una vasta red de conglomerados intercomunicados por una intrincada trama de caminos.

Los asentamientos se caracterizan por ser concentraciones de terrazas, cuyos límites son difíciles de establecer, pues aparecen agrupaciones cada vez más dispersas, según se alejaban de los núcleos de mayor densidad.

Parque Tairona






Se encuentran entonces conjuntos urbanos de diferentes tamaños y niveles de elaboración, atestiguando una jerarquía de ciudades, aldeas y caseríos dispersos.
Esta organización puede ser caracterizada como un CONTINUO ESPACIAL, que comprende la esquina Noroccidental de la Sierra y la zona costera entra la ciénega y la desembocadura del río Jerez.
Por ello, una ciudad Tairona debe de entenderse como parte integrante de eso todo, en función de los demás asentamientos de su región.
Ciudad Perdida

Los poblados están comunicados por una red de caminos, cuyas principales rutas fueron construídas invirtiendo un enorme esfuerzo técnico y material.

Entre los poblados del Alto Buritica sobresalen cuatro conglomerados por sus características de tamaño y elaboración :
Ciudad Perdida, como centro principal; y Alto de Mira, Tankua y Casa Troja, como centros secundarios.

Alrededor de estos se localizan los demás asentamientos que tienen carácter satélite, lo que Confirma la existencia de una jerarquía regional compleja con una autoridad central.

"La Ciudad Perdida" es la capital indiscutible de la región, pues tiene la mayor cantidad de terrazas y la más impactante monumentalidad.

Su configuración, localización y alto grado de elaboración, atestiguan la existencia de un sector de la población dedicado a actividades eminentemente urbanas, dependiente para su sustento de las aldeas y caseríos que explotaron las zonas de cultivo, que en su gran mayoría se localizan en los territorios del bajo Buritica, donde el río se abre en un fértil valle.

La forma urbana en todos los casos está muy relacionada con la conformación de la topografía.

El carácter de centro político y económico que se le atribuyó a Ciudad Perdida, al compararla con los
demás asentamientos en su región, se ratifica al observar que casi el 40% del área aterrazada corresponde a Espacios Públicos.
El área restante tiene un carácter eminentemente residencial.

Las ciudades Tairona fueron concebidas así mismo como sistemas de control de aguas lluvias en esta región de abundante pluviosidad.


Ciudad Perdida
Se ha estimado que "la población de la Ciudad Perdida" fluctuaba entre 1.400 y los 3.000 habitantes.
No se puede afirmar con certeza, pues se desconoce el verdadero carácter de la vivienda.

Respecto a la Arquitectura de las edificaciones se conocen sus formas en planta.
Es posible suponer su maestría en el trabajo de la madera, al observar la calidad de la Arquitectura lítica, de la alfarería y orfebrería, que han perdurado hasta hoy, y como referencia muy valiosa, se cuenta con la arquitectura de los actuales grupos indígenas de la Sierra, cuya complejidad estructural contrasta con la sencillez de sus formas.

Para colocar en perspectiva este sistema agrícola es necesario dar un vistazo al pasado. En muchos lugares del actual hábitat de los kogi se pueden ver extensas terrazas arqueológicas con detalles estructurales muy similares a los de las terrazas de los antiguos tairona de la región de Santa Marta.
Dichas terrazas lineales de las vertientes del hábitat kogi están construidas con hileras de cantos rodados y moles de roca de diferentes tamaños que no sólo atajan terreno erosionado de la superficie sino también el agua corriente detrás del terraplén; aquella agua luego drena fuera por una leve pendiente lateral del terraplén. Los indígenas de épocas prehistóricas en ocasiones excavaron largos y estrechos canales de drenaje a través de la pendiente de la vertiente.

Se pueden observar pautas de contorno de las terrazas en algunos flancos de las colinas, cuya inclinación varía de pocos a 45 grados y más aún.
En otras regiones en cambio el patrón formado por las hileras de piedra es más bien imbricado constituyendo una creciente pauta general de terrazas semicirculares. Algunos rasgos están asociados a las terrazas: pequeñas plataformas de piedra, lajas paradas o estelas clavadas en el piso. Las huellas de antiguas actividades en las terrazas indican que los Tairona u otras antiguas tribus tuvieron plena conciencia de la necesidad de minimizar la erosión del terreno y de hacer drenajes.
Con los kogi de hoy sucede lo mismo pues ellos saben de los beneficios de la conservación del suelo y de la irrigación, pero hacen uso de estos conocimientos apenas de un modo limitado. Desechos de los campos (rocas, pequeñas piedras, ramas, viejos troncos de árboles) son colocados a veces en lugares donde pueden servir como pequeñas trampas de tierra y también a veces irrigan sus sembrados o cavan estrechos canales de desagüe en la pendiente; sin embargo, la irrigación intensiva no existe, a pesar de que claramente está presente el conocimiento tecnológico necesario.

Las terrazas arqueológicas, tan prominentes en las escuetas faldas del hábitat kogi, sorprendentemente no están integradas a la actual organización del trabajo agrícola, ni con las pautas de asentamiento hoy prevalecientes. En el pasado prehistórico, cuando las terrazas acompañaban a los grandes asentamientos nucleados, éstas constituían ecosistemas artificiales, pero hoy día permanecen sin ser casi usadas. Las terrazas arqueológicas contienen buenos suelos pero a veces están distantes de los asentamientos kogi; además estos indios se apartan de ellas puesto que en cierto sentido las terrazas son consideradas sitios sagrados pertenecientes a los "antiguos" ancestros.
En resumen, mientras que los tairona retrabajaron el ambiente natural y así incrementaron su producción, los kogi han mantenido su ambiente natural sembrando sus diseminados campos y huertas con una mezcla de cultivos de mera subsistencia.

El conjunto de terrazas y caminos con sus muros de contención, frenan la erosión, conforman una gran red estructural, localizada en filos y laderas de pendientes abruptas.

Las terrazas recogen y desaceleran las aguas, encausándolas, por medio de desagües y cornisas en los caminos que cumplen esta función.

Un elemento arquitectónico de climatización de mucha importancia es la superficie enlosada de las terrazas. Esta mantiene los pisos secos, transitables y sin lodo, al mismo tiempo que recibe y refleja el calor del sol generando de esta manera un verdadero control de la humedad ambiental.

Algo digno de destacar en el urbanismo tairona es su relación respetuosa con el entorno: "la cultura apropió y transformó los elementos naturales (el relieve, la piedra, el agua) añadiendo respuestas que revierten al paisaje, estableciendo así una relación simbólica".




Sierra Nevada de Santa Marta

Sierra Nevada de Santa Marta

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Nuestro reconocimiento de gratitud los autores del Libro
"La Sierra Nevada de Santa Marta"
{Carlos Castaño Uribe, Juan Mª Maldonado, Margarita y Mª Cristina Serje de la Ossa,
Bernardo Valderrama Andrade, Jairo y Mauricio Valderrama Barco.}
Así mismo a : Gerardo Reichel-Dolmatoff
Ana María Groot (Universidad Nacional de Colombia)

"Museo Nacional de Colombia" y "Museo del Oro - Banco de la República"
Permitiendo acceder a la documentación en la que se ha fundamentado ésta página.



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