No se debe creer en agüeros porque lo que tiene que pasar, pasa.
Sin embargo la gente piensa que cuando... una fogata chispea es porque ha de venir visita.
Cuando... un búho o una tórtola canta, hay muerto.
Si un cucarrón llega a la casa y golpea, es porque va haber visita... Los toreros no pueden ver un gato el día de la función, porque no triunfan.
Si se aparece una mariposa negra es porque... alguien va a morir.
Muchos de los acontecimientos que han ocurrido, siempre fueron en una fecha de día 13 y han traído buena suerte.
Que una luz el Viernes Santo es porque allí hay una guaca.
Y cuando hay una cría de palomas y... ésta se acaba, en esta casa entra la pobreza.





                        La gente en ese tiempo decía que "lo da las brujas era cierto". La abuela contaba que... ella conoció a un señor al que un sacerdote le puso como penitencia, buscar a la señora hasta que la encontrara y la quemara viva porque era bruja.
La señora se iba todas las noches, y el señor se dio cuenta porque, cuando él se despertaba estaba solo y la señora no volvía hasta el amanacer. Él creyó que era que tenía por ahí algún romance y se puso a ponerle cuidado, para ver a qué hora salía para seguirla. Un día, a media noche, sintió que se levantó y que se fue, pero sin abrir la puerta... Y se quedó todavía más bravo porque vio que se levantó, se puso unas enaguas muy almidonadas y dijo:

- ¡No creo en Dios ni en Santa María! Y salió volando por el techo.
Dijo el esposo: - ¿Cómo fue que dijo? No creo en Dios... Y se elevó un poquito y en el "Santa María" se cayó.
Al otro día el marido le puso más cuidado y ya fue aprendiendo. Ella dijo: - No creo en Dios ni en Santa María. Y voló.

Él también dijo lo mismo y salió volando detrás de ella, pero sin que ella se diera cuenta, hasta que llegaron a un baile que estaba muy prendido y que eso era todo el mundo bailando. Y ella apenas lovio le dijo:
- ¿Y vos que "vinites" a hacer aquí? ¡Cuidado pues con ir aquí a mentar tus santos y tus religiones porque no lleva el diablo!
El hombre estaba todo asustado porque veía que ella bailaba con todo el mundo. Cuando depronto ella dice:
- Bueno, ya esta fiesta se va acabar y no falta sino bailar la pieza con mi capataz.
Llegó el capataz y le echó mano a la señora. Pero el capataz era el mismo diablo con cachos y cola. Al señor le dio mucho miedo y dijo:
- ¡Jesús, María y José!
                  Entonces que ahí mismo desapareció todo el mundo, pero la mujer dijo otra vez las palabras y voló.
En cambio él, aunque dijo las palabras, no volvió a volar y se quedó metido mucho tiempo en el monte, hasta que llegó al pueblo, donde el sacerdote le había echado de penitencia que encontrara la mujer y la quemara viva, que porque si no, se condenaba.



Para que no entren las brujas se cuelga la penca de Sábila junto a la puerta, amarrada con una cabuyita o una tirita.
También ataja la dentrada del murciélago.

Colgar la penca sábila trae suerte a la casa.

La mujer que muere sin haber tenido hijos, se condena, creen los campesinos de Santa Elena.

Pasar por debajo de una escalera trae mala suerte.

El que se come el último se casa este año.

Mariposa negra que entre en una casa, trae señal de desgracia; si se asienta en una escoba : la persona que duerme allí, morirá pronto.

El canto del currucutú trae desgracia. Mal agüero.

El número trece es de mal agüero.

Poner una escoba detrás de la puerta hace ir las visitas de roncha.

Las patas que tenga blancas el caballo indican cómo es, así : "uno, bueno; dos, mejor; tres, malo, y cuatro peor".

Encender tercero trae mala suerte. La gente dice que en la guerra mundial, el soldado que encendía tercero era el que recibía el tiro del enemigo, según es lógico, y ello causó el agüero. Se sabe que esto es puro agüero y no se le presta mucha atención.

Si un fósforo cae encendido al arrojarlo distraídamente, es que alguien nos está pensando.

Si las orejas se ponen calientes, es que están hablando de uno. Si es la derecha, están hablando bien; si es la otra, mal.

Cuando la comida está muy caliente, y demora en enfriarse, es porque se hizo con leña robada.

Si la candela suena mucho, es que viene visita.



"Escupa y no se ría" para ver si está diciendo la verdá. Porque si es mentira, se ríe.

Cuando uno dice que algo va bien, o que algo malo no le ha ocurrido, debe tocar madera para que no le ocurra pronto.

Derramar el salero es de mal agüero.

Quebrar un espejo trae siete años de sal, o mala suerte.

Detonar un arma en Viernes Santo es tentar al Señor.

La culebra venenosa deja la contra a la orillita de la quebrada, pa poder beber agua; después de que bebe, la recoge.

Cuando la candela del cigarrillo se va de lao, y no prende parejo, es que uno se va a casar con viuda.

La gallina patesebo es mala ponedora. Nu'hay como la gallina patinegra.

A pesar de que la ciencia y la tecnología avanzan a revoluciones insuperables, las supersticiones -provenientes de la cultura popular- siguen siendo producto de las creencias practicadas y los temores cotidianos.

La palabra superstición procede del latín super, que significa arriba y stare que quiere decir estar.

Las personas que salían vivas de las batallas eran llamadas superstites, ya que habían sobrevivido a sus compañeros y, por consiguiente, estaban por encima de ellos.





A continuación le contamos algunos de los agüeros más comunes para el 31 de diciembre :

Para garantizar la prosperidad y la fortuna báñese con champaña a las 12 de la noche.
Cómase con las 12 campanadas de las 12 de la noche 12 uvas: 6 rojas y 6 verdes. Con cada uva se debe pedir un deseo.
Póngase ropa interior amarilla, atraerá las buenas energías.
Coma lentejas el 31 de diciembre, son buenas para la abundancia.

Agradezca a Dios por todas las cosas positivas que tuvo durante el año que concluye.
Haga un paquetico organizado con maíz, chocolate, lentejas, sal y azúcar y guárdelo durante todo el año. No le faltará la comida.
Para dejar la soltería durante el año que termina se acostumbra a sumergirse en el río más cercano. El próximo año encontrará al amor de su vida.
Si quiere salir de viaje en año venidero recorra su cuadra cargando varias maletas.
Para garantizar la protección personal, rece a las 12 de la noche el salmo 91.
Para la protección del hogar haga un sahumerio en su residencia, este puede ir acompañado con una vela blanca para purificar el ambiente.

Procure que el 31 de diciembre su casa este resplandeciente. Este día barra de adentro para afuera. Arregle la mesa del comedor para el 31 de diciembre, con uvas verdes, espigas, pan y naranjas, las que se deben comer el primero de enero bien temprano.

En general, todo lo que haga este día, para garantizar el bienestar suyo y de quienes le rodean debe estar acompañado de pensamientos positivos y una profunda fe en que todo lo que venga será mejor.

El 31 de diciembre, por la noche, se tiran tres papas debaju'e la cama : una papa con cáscara, otra a medio pelar y otra pelada. A las doce de la noche, en el oscuro, se meti'uno y saca una papa. La primera que tope. Si saca la pelada, va a estar pelao, pero sin peso, todo el año; si saca la que tiene cáscara va a tener platica; y si saca la qu'está a medio pelar, así estará uno.

El 31 de diciembre, si huma en una vela una taza grande, una ponchera, d'esas lociadas, y se mete baju'e la cama, boc'abajo. Al otro día uno vigea los dibujos que amanezcan.
Si amanece un barco, es viaje; si amanece una cruz, habrá muerto; si es corona o altar, matrimonio; y así... Pero le alvierto qu'eso es pecao; eso llama sacar vaticinio, y es pecao :
queda l'alma negra siete ías.



Se la ganó por "berraco"

En una casa espantaban mucho y por eso nadie la ocupaba. Se escuchaban ruidos, cadenas arrastradas y todo. Hasta que un día alguien le dijo al dueño:

- Qué vá, yo si me voy a vivir allá. Yo no tengo dónde vivir.
- Si se aguanta el espanto, le escrituramos la casa.
- Bueno tráigame dos velas, una caja de fósforos, un tinto y un periódico.

Bueno entonces se fue y empezó a leer. Oyó arrastrar cadenas y siguió leyendo tranquilamente. De pronto se caían cosas y él muy tranquilo.
Cuando de pronto, estaba leyendo y sintió que en el hombro se apoyó una cosa... y miró... y era un esqueleto! Y entonces dijo:

- Ah! ¿Con que quiere leer? - Y ¡fu! apagó la vela y se acostó a dormir y no volvió a sentir nada. ¡Y se ganó la casa!





SARTAL DE HUMOR... !!



Buen Trato ...

A un paisa se le perdió una mula y cuando ya desesperaba de encontrarla, la mujer le dijo :
-Ve, Juan de Dios, por qué no le mandás una promesa a las benditas almas del purgatorio, que son muy milagrosas, y verás cómo ti aparece...
-Bueno, m'hija. Trato hecho. Si aparece la mula, es en compañía de las ánimas...

A poco rato apareció la mula y el paisa se puso muy contento y siguió andando en ella pa arriba y pa abajo sin volverse a recordar de promesa alguna.
A los días, la mujer le recordó :
-No se te olvide que esa mula es en compañía con las ánimas...
-Bueno m'hija. Di aquí pa delante yo la monto de día... y que la monten ellas de noche, que son más baquianas.


Qué escándalo !

Llegaron unas monjitas a pedir limosna a una casa y oyeron una lorita que gritaba :
-"Yo soy muy vagabunda ! Yo soy muy vagabunda !". Aterradas las monjitas le dijeron a la dueña de la lorita que, por qué no la educaba.
-Ay, es imposible, hermanita! Esa lora es lo más grosero que hay y no la he podido educar...
-Vea señora -dijo una monjita-. Si quiere nosotras nos la llevamos para el convento y se la educamos. Si viera el par de loritos tan educaditos que tenemos allá. Son de lo más cultos y los tenemos enseñados a rezar el rosario : el uno hace coro y el otro le contesta. Da gusto verlos, como van pasando las cuentas de la camándula con las paticas!...
-Ay bueno, hermanita : llévese esta lora a ver si me la enseña bien...
Se llevaron la lora las monjitas y apenas llegaron al patio del convento, lo primero que gritó la lora fue : "Yo soy muy vagabunda !"
Apenas oyeron esto los loritos, le dijo el uno al otro :
-Aventá esa camándula a la porra, que ya nos hicieron el milagro!

S.O.S

Un barco se estaba hundiendo. A bordo todo eran carreras, confusión y pánico. El único que permanecía tranquilo era un paisa que estaba tirado en una poltrona, comiéndose una libra de dulce.
-Hombre, paisa por Dios! Usté qué está haciendo ai tan tranquilo! -le dice el capitán.
-Coma dulce, capitán, -respondió el paisa- qu'es mucha l'agua que vamos a tener que tragar.

Carreras

Un míster decía que en su tierra, los trenes iban tan rápido que los alambrados se veían como peines.
-Eso nu'es nada míster. Vea : a l'orill'el Ferrocarril di'Antioquia'stán las fincas de los ricos de Medellín, cubiertas de cabezas de ganao, sembradas de yuca, de papa, de plátano, de maíz... y pasa el tren tan ligero, quiusté atisb'y lo que v'es un'ollad'e sancocho!

Entierro de Tercera

Salió un convaleciente del Hospital de Medellín y preguntó en la portería que cómo hacía pa ise pa la casa.
-Coja el tranvía allí en la esquina.
El hombre, qu'estaba en una debilidá rara todavía, y medio atembao, no tomó el tranvía que iba para el centro, sino el que iba para el Bosque de la Independencia. Se subió. Y cuando vió que iba como perdido, le preguntó al motorista:
-Oiga... señor... Pa'onde... va... este tranvía?
-Pal Cementerio!!
Haciendo un gesto de resignación, dijo el convaleciente:
-Ve... hombre! Y yo que había escrito a la casa que seguía mejorcito!

Así sí...

Bregaban por ponerle un lavado a un bobo, pero él no se quería dejar...
-Vea, m'hijo -le decía la vieja- Déjeselo poner. qu'el dotor dijo.
-No, mama, no...
-Vea m'hijo, qu'es pa que se alivie...
-No, mama, no...
-Vea m'hijo, qu'es un lavadito de aguapanelita tibia...
-Di'aguapanela? -preguntó el bobo- Bueno: di'aguapanela sí me lo dejo poner, pero si me le migan quisito...

Pueda ser

Iba un montañero borracho, pa la casa, a media noche, con un frío de todos los diablos, por un camino d'herradura por ónde no pasaban ni gatos herraos con agujas di'airria.

Llevaba su botellita de anisao en el bolsillo di atrás y de cuando en cuando se mandaba su traguito. De repente se resbaló y se fué al suelo. Al sentir que algo húmedo le empapaba el pantalón, decía : -Ay ta la Virgen que siá sangre...!

Optimista

Llegó una señora muy gorda a preguntar por bacinillas. Le mostraron una, grande. La señora la miró unos momentos, y dijo :
-No tiene más grandes? Es que está muy chiquita.
-Chiquita? Si me la llena de una sentada, se la regalo!

El Caballo del míster

Un míster que vino a estas tierras se compró un caballo y se dedicó a enseñarle a no comer. Pasaron dos, cuatro, seis días y el míster sin darle comida al caballo. A los días le preguntaron:
-Qué hubo míster? Qué hay del caballo?
-Hombre... Mi ser tan de malas que cuando caballo estar aprendiendo, morirse.
De allí viene el dicho que se aplica a la persona que le da por no comer : "Está como el caballo del míster..."

Otro varado

Otro paisa varado se puso a vender boletas para la rifa de una vaca pintada. Mostraba la lámina de la vaca : un hermoso ejemplar de raza.
Después de verificada la rifa llegó el ganador a reclamar la vaca y el paisa le entregó la lámina, diciéndole :
-Aquí tiene su vaca. Yo dije muy claro que era una vaca pintada...

Y Otro más...

Venía un paisa muy pobre en un barco de pasajeros. Viajaba en tercera en donde la comida, además de ser mala, era escasa. Una noche el paisa resolvió subirse por un palo a la cubierta de primera. Llegó a la mesa y le sirvieron una comida deliciosa. Cuando hubo terminado se le acercó un empleado y le dijo :
- El señor me excusa, pero tengo que cumplir con el deber de pedirle me enseñe su tiquete.
Cuando el empleado le vió, dijo :
- Oiga : pero si este tiquete es de tercera, por qué está comiendo aquí?
Y el paisa respondió muy tranquilo :
- Porque el tiquete será de tercera, pero el hambre que tenía era de primera !

Eficiencia

Una señora, dama de grandes virtudes, tenía el vicio de jugar "por vicio". Un día, para mayor tranquilidad de su conciencia, se fue a confesar y le dijo al cura :
  • ... a mí, padre, me gusta mucho jugar. Juego todo el santo día... pero eso sí : no juego plata. Yo creo qu'eso así, no es pecao.
    Juego con mis amigas, por distraernos....
  • Bueno, hija mía -pregunta el cura- Y no pierden mucho tiempo?
  • No padre : apenas mientras barajamos.












  •                               La arriería fue el oficio de comerciantes hábiles, costumbres que fueron adoptadas de los árabes y judíos, que desde España llegó a América para que fuera desempeñada por el paisa durante la Colonia y la República.
    Padres de la colonización los arrieros transportaron en sus recuas de mulas o bueyes, todo lo que hiciera falta para montar un pueblo y además un crédito. Para ellos no había trocha que no se pudiera cruzar, ni cachorro que no pudiera ser transportado: desde las campanas para las iglesias hasta pianos, ruedas pelton y toda clase de herramientas para las nacientes industrias; en fin, toda clase de mercancías traídas del extranjero y los surtidos para las fondas camineras, además de oro… las travesías de animal y hombre hicieron efectivo el trabajo de los mazamorreros, los hallazgos de los guaqueros y las divisas del cafetero al comunicar las zonas agrícolas y mineras con el fin de posibilitar así el intercambio comercial.

    Fue así como el oficio de la arriería proporcionaba en Antioquia y el Viejo Caldas, una buena posición social ya que fueron muchos los que hicieron dinero con él y se destacaron por su honestidad y responsabilidad, como lo confirma el refrán: “padre arriero, hijo caballero, nieto pordiosero”.

    Se dice que es el arriero, más que la mula, quien hace el trabajo duro ya que debe responder tanto por el bienestar propio como del animal que le proporciona el sustento: estar atento a los cambios de clima, protegerse del frío y hacer más llevadero el calor, levantarse antes de los primeros claros para alistar el transporte, buscar el alimento y los lugares de descanso y sobre todo estar listo cuando las mulas se quedan atrapadas en el fango y es necesario rescatarlas con sus fuertes brazos y una ayudita extra de la estampita de la Virgen del Carmen que permanece en un bolsillo del carriel.

    La relación del arriero con sus mulas es tan estrecha que con un silbido característico éste las orienta y las previene de los abismos y los malos pasos, aunque también se acostumbran las palabrotas de grueso calibre para que los tercos animales entiendan que se dirigen a ellas.

    Al finalizar las jornadas de camino diario los arrieros descargan sus pesadas mercancías en los corredores de las posadas donde el sangrero se encarga de ordenar todos los bártulos.










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    [León J. Saldarriaga L. - EL COLOMBIANO | Mayo 2.007]

    Tiene 71 años, es frágil y de baja estatura. Su cuerpo menudo no da muestras de agotamiento, y saber que la víspera hizo una jornada de casi 12 horas entre un paraje de Concordia y Titiribí. Ahora está lista para asumir otra jornada entre cuestas y descensos que la llevarán a Amagá.

    Conjuga cara de abuela, voz de niña y piernas de adolescente, y es la admiración de las caravanas de arrieros que vienen del Suroeste. Muy callada, recorre caminos y salva obstáculos con un paso arrastrado que, nadie explica, mantiene el mismo ritmo de los baquianos que jalan la mulada.

    Como para refrendar su valor, le gusta ir adelante con el grupo de Betulia, el pueblo del que partió el 15 de mayo, muy cerca de un hombre que no le pierde pisada.


    Él, de 73 años, es el Abejorro y ella, Fidelina Vélez, una de las 13 mujeres que este año hicieron parte de las rutas de Arrieros Forjadores de Vida, que llegaron a Medellín. La suya, Del Café y el Carbón, es la que congrega más arrieras: cuatro, con otra que salió de Manizales.

    Sus compañeras de viaje son Gloria Fernández, de Concordia, y Adelayda Serna, casi una niña, de Caicedo. Por otros riscos del Viejo Caldas y Antioquia desde hace una semana viene Angela Correa, de Valparaíso, la pionera de las damas.

    Apenas un kilómetro de la partida de Titiribí, el camino ya es un ascenso duro que no da tiempo para calentar piernas. Es una sola pendiente que silencia euforias, pero ahí va Fidelina sin expresar una queja.

    Una hora después la recua llega al alto de El Corcovado, donde los niños de una escuela la reciben con cantos, vivas y banderas, y le devuelven el aliento. Entonces recuerda que en Betulia le decían que no iba a ser capaz y hasta el cura la desmotivó. "Gracias por levantarme la moral", les dijo.

                                  Su afinidad con la arriería le viene de abuelo y padre. Era una niña de 10 años cuando ya ayudaba a amarrar bultos pequeños. En esa época, dice, se usaban las tejas de madera que sacaban de los robles, y los trozos que quedaban los convertían en leña para vender en el pueblo. Con ellos aprendió a armar las primeras cargas y, después, a dominar los animales cuando venía a hacer mandados desde la vereda de Concordia donde vivió hasta los 14 años.


    Luego se establecieron en una finca de café y caña en Betulia, donde aprendió a amarrar cargas mayores como panela. Allí conoció a Jesús María Saldarriaga, un nombre desconocido porque desde niño le dicen el Abejorro, apodo que le puso el cura de Altamira después de alborotar un avispero. "Casi lo hago matar y me quedé así", dice.

    Casados se fueron a vivir a una finca ganadera a Puerto Araujo, Santander, y extendieron su aventura por Puerto Berrío y el Nordeste, para regresar al Suroeste hace 22 años. "Yo salía a ayudarle a atajar ganado y recogía las crías", cuenta.

    Los amigos de Abejorro dicen que no la quería dejar venir, pero que ella le advirtió que lo haría por su cuenta. Fidela, como la llaman en la casa, los desmiente y asegura que fue él quien la motivó. "Me dijo: mija, usted es más berraca que yo".

    Sólo que al momento de inscribirla en Betulia se lo negaron, pero al saberlo uno de los coordinadores de la Gobernación les dijo que "a la mujer de abejorrito no la pueden dejar".

    Su respuesta silenciosa fue el ascenso del río Cauca a Titiribí, donde no se dejó vencer, aunque muchos hombres se tuvieron que subir a las mulas. En la loma, admite, "me monté un pedacito, antes de llegar al alto de Otramina, pero no me sentía ni mareada ni agotada", pues más brava le pareció Betulia-El Socorro.

    Dar ejemplo
    A Fidelina la motivan su ancestro arriero y su marido. A Gloria Fernández Chaverra, la tradición que conoció de niña en Concordia y el afecto que siente por las mulas. "Es un animal especial, muy inteligente, uno casi se puede comunicar con ellas".

    El año pasado, en su primera participación, en un momento que estaba muy cansada y mermó el paso, recuerda que "la mula me empujaba en la espalda con la cabeza, como quien dice muévase".

    No sabe amarrar cargas ni ha pasado entre fondas camineras ni se ha ganado un jornal como arriera, por lo que menos le creyeron sus paisanos que podría cumplir siquiera la primera jornada, pero logró las cinco. El secreto de su aguante es que está joven y pertenece a un grupo de caminantes de Medellín, donde reside con sus dos hijos. De su vivencia afirma que los arrieros no son tan boquisucios como parece y que manejan una "galantería bonita" con las mujeres.


    Admira a Fidelina. "Las mujeres arrieras son muy berracas. Por el hecho de que lo sean no dejan de ser femeninas", afirma.

    Casi en el fondo de la mulada viene Adelayda Serna, de 16 años, más tímida que Fidela, pero apegada a su papá, Hugo, a quien ayuda a cargar madera y materiales en la finca de Caicedo donde viven. "Ella es como mi sangrera en la arriería", cuenta.

    Adelayda no cree que se va a quedar el resto de la vida en el oficio, pero admite que "desde los siete años me gusta mucho joder con las bestias".

    Nieta, hija y esposa de arrieros, Fidelina siente pesar porque "el progreso los está acabando". Antes, evoca, había trabajo con la sacada del café, la caña, la panela y la madera, pero ahora lo hacen en chivas y camiones.

    Admite que no se creía tan guapa y siente orgullo de llegar a Medellín para dejar una lección a los jóvenes. "La luchamos por un trabajo honrado y no nos importó sudar y sufrir para dejarles un ejemplo".


    En el descenso a La Albania, por una trocha de pantano y piedras resbalosas por la lluvia del amanecer, los arrieros se extienden y se dan nalgazos. Ella camina firme.


    "Tan berraca la Abejorrita, y dizque el marido no la iba a traer", exclama un hombre en la mulada.





    A las mulas hay que hablarles para que no se asusten, dicen algunos arrieros.
    Agregan que son animales inteligentes y que todo no lo hacen por instinto.
    Esta es la caravana que entró ayer por el sur del Valle de Aburrá con destino
    al Palacio de Exposiciones, donde ayer en la tarde sería la Fiesta
    con estos hombres y mujeres que dignifican la historia de Antioquia.


    Elogios para la mujer arriera:
    "Es la primera vez que vengo, me parece muy buena experiencia. Estudio y cuando salgo del colegio ayudo en la familia como sangrero, porque todos los tíos manejan bestias. Fidelina es muy berraca y echada pa'delante. Es admirable".
    Brayan Alejandro Betancur, 13 años, de Betulia

    "Admiro a esa señora. Con la edad que tiene y saber que en el camino a Titiribí nos montamos más fácil los hombres que ella. Es una mujer aputarrada (berraca). Ella y Gloria son admirables".
    [Jorge Pérez, Arriero veterano]






                                  Los arrieros se ponían un sombrero de caña, alón, grande. Una camiseta, lo que llamaban camiseta o mulera, se la ponían para bregar a las mulas y para vendarlas. Un machete en la cintura con una correa ancha que le servía al mismo tiempo para proteger de una hernia o cualquier lesión.



        CARRIEL JERICOANO  








    El Carriel Jericuano. Llevaba una navaja que llamábamos "calaboza", que era para arreglar la enjalma. Llevaba una aguja de arria o de arriero, una aguja grande con cabuya. Llevaba el mechero que no le faltaba, una cosa de sacr candela. Tabaco o cigarrillos, cualquiera de los dos. Llevaba además con qué curar el animal. Llevaban allá en el guarniel algo especial para untar cuando el animal se hinchaba y otra navaja de punta para romper el animal, cuando la hinchazón era mucha.

    El mundo entero cabe en el carriel antioqueño

    Cuando cumplió quince años, Darío Agudelo entendió que la agricultura no era para él. Lo suyo era la guarnielería y decidió aprenderla. Corría el año 1950 y esta artesanía era un negocio próspero en Jericó. Sin embargo, su padre le dijo entonces que ellos bien pobres y él perdiendo el tiempo entre cueros. Él es el mayor de los guarnieleros de esa localidad del Suroeste. En su tienda situada en el centro de este municipio, surtida no solo de carrieles, sino de billeteras, correas, bolsos, sogas y aperos, pasa todavía gran parte del tiempo. Su hijo, Oliberio, se encarga del negocio. Una máquina de coser Singer doble O, de 120 años, sigue trabajando con más bríos que las nuevas.
    “Eso de arar la tierra para sembrar café y plátanos era muy duro y muy ingrato —evoca—. Muy mal se pagaba. Aprendí a elaborar carrieles en el taller de Gildardo Uribe. Debía venir cada mañana desde la vereda Palenque, situada a una hora de camino, hasta el pueblo. Él no me pagaba: yo le pagué 300 pesos para que me enseñara. Demoré como tres o cuatro meses. Cuando los demás trabajadores salían a tomar tinto, yo, sin plata, no los acompañaba; aprovechaba para ‘cacharriar’ en la Singer y darme cuenta cómo se hacían los ribetes”.

                                  Aprendió a elaborar los bolsos de principio a fin, pero solamente cuando hizo unos cuatro guarnieles bonitos, bien terminados, Uribe comenzó a pagárselos a dos pesos cada uno. Fue entonces cuando decidió quedarse a vivir en el pueblo y, muy pronto, abrir su propio taller. Con los años vinieron los hijos, ocho, y con los hijos, más talleres y almacenes.
    Sobre el origen de esta artesanía hay discusión. Unos afirman que es envigadeña y otros, que jericoana. También hay quienes sostienen que se inició en Amalfi. En varias partes del departamento se han elaborado. Además de los municipios mencionados, también la han hecho en San Pedro de los Milagros e Ituango.

    Origen jericoano

    A media cuadra del taller de Darío Agudelo, en la esquina de la carrera 5a con la calle 5a, está el de Saulo, uno de sus hijos. Está convencido de que “el carriel y la Madre Laura son jericoanos. Que esa tradición, de la que seguramente le ha hablado su padre mientras cortaban cueros o los cosían y se embriagaban con su olor, tiene por lo menos 120 años en la Atenas del Suroeste. Y menciona, como precursores de la artesanía, a “los Calle, Apolonio Arango y Rubén Santamaría”.

    “Este local ha sido taller de fabricación de carrieles hace 95 años —sostiene—. Lo hemos ocupado, sucesivamente, Sigifredo Calle, Apolonio Arango, Rubén Santamaría y sus hijos, Darío Rodríguez y sus hijos, y ahora Saulo Agudelo y sus hijos”.
    Por tradición oral se ha enterado de que el carriel nació en Jericó por la arriería. Había unas cinco posadas en los alrededores de este pueblo. Esos muleros cargaban sus utensilios en un bolso sin compartimentos. A finales del siglo XIX, a personas “de este lado de la Aguada”, se les ocurrió que se diseñaran bolsos con varios bolsillos, hasta llegar a 12, para los distintos elementos que cargaban. Entre los bolsillos, son famosos los “invisibles”. Secretas, les dicen unos; secretos del amor, les dice Saulo.

    Por ética, Saulo no les muestra a los compradores ese bolsillo cuando están en compañía de otra persona. Ni siquiera de su esposa. “Tal vez es mejor que ella no sepa de su existencia”.                               Cuenta que una vez, un bogotano llegó a su tienda con su esposa. Compró un carriel. Saulo le habló del tema y el cliente dijo: “Yo lo rebusco en la casa”. A los días, desde la capital, el sujeto lo llamó a reclamarle ofuscado: ¡Este carriel no tiene 12 bolsillos. ¡Los negocios deben ser serios!”.

    Después de calmarlo, Saulo le indicó que se sentara con el carriel delante suyo, lo destapara y siguiera sus indicaciones para que lo viera en detalle. Al llegar a uno de los bolsillos, le ordenó: “introduzca su mano hasta el fondo y hale el cuero. Ahí está el secreto del amor. ¿Lo vió?”.

    Origen incierto

    El historiador jericoano Nelson Restrepo dice que el origen del carriel es muy incierto. Los arrieros, quienes andaban por medio país, fueron dando uso a esta prenda que se acomodaba a sus necesidades, como la de cargar papeles correspondientes a las mercancías que transportaban. Cree que en Jericó, la tradición tiene más de 130 años.
    “Uno de los diseños más famosos del carriel es el que lleva los colores de la bandera de Jericó, amarillo y rojo, especialmente en los ribetes”. Nelson hace énfasis en que los guarnieleros que trabajan en Envigado, Andes y Fredonia son jericoanos.

    Origen envigadeño

    ¿Y a todas estas, qué dicen en Envigado? En este municipio, solamente Luis Osorio practica la guanielería. Carrieles Jericó, su negocio, lleva su nombre en virtud de que él nació en ese municipio del Suroeste. Aprendió a confeccionarlo hace más de 24 años, “en parte con Jorge Gil y en parte con Orlando Atehortúa”. Porque el celo que había para enseñarlo era grande.
    “Los artesanos viejos manejaban los celos —opina Osorio—. No querían enseñar”. Cuenta que el negocio sigue vital. Lo que se necesitan son manos para elaborar las cantidades que pide el mercado local y externo. Contrario a lo que podría suponerse, Luis Osorio cree que el origen es envigadeño.

    “Hasta donde entiendo, los primeros productores fueron envigadeños. Algunos se fueron a vivir a Jericó y llevaron el arte”.
                                  El historiador envigadeño Vedher Sánchez Bustamante respalda estas palabras. Cuenta que la tradición se remonta más de 300 años en el pasado. Explica la idea diciendo que la prenda llegó con los primeros asturianos que poblaron estas tierras. Y que el carriel, si bien oriundo de Provenza, en Francia, era popular en Asturias, España, por ser tierras vecinas.
    Distinto a lo ocurrido en el resto de Antioquia, los envigadeños no se dedicaron a la minería. Ocuparon sus suelos en la producción agrícola y ganadera, para proveer de alimentos y materiales a los mineros del Valle del Aburrá y el departamento.

    Uno de los desechos de la ganadería era el cuero. Muy temprano, desde el siglo XVII, habitantes de este municipio se dedicaron a la producción de aperos, sogas, taburetes de vaqueta y carrieles. En ese tiempo, Envigado ya era conocido por su nombre; en cambio “ni Jericó ni Amalfi habían sido fundados”.

    Sánchez Bustamante explica el recorrido del carriel. En su libro De Envigado y otros tiempos, publicado por la Alcaldía, cuenta que “en la colonización del Suroeste antioqueño, Envigado jugó papel fundamental, como fundador de la mayoría de los pueblos de aquella comarca, incluido Jericó, lugar a donde llegó con los envigadeños la industria de los carrieles”. Se apagó el auge cuando comenzó la industrialización, a comienzos del siglo XX. “Más tarde regresó de nuevo a Envigado con las migraciones que a mediados del siglo XX produjo la violencia política de aquellos fatídicos tiempos”.

    Menciona a Apolonio Arango, “pariente de Cástor Arango”, el padre de Débora, la pintora, quien en unión con Víctor Calle Arango “regresan a Envigado en 1.946 y montan Guarnielería Jericó, que luego venden a don Sigifredo Calle, quien en definitiva impulsó el carriel en Envigado a mediados del siglo XX”. Por eso, las primeras fiestas del carriel, en este municipio, se celebraron en 1.951.

    Hombres y mujeres

                                  En Jericó, este oficio es de hombres. Solamente algunas empleadas de los Agudelo se dedican a cortar o coser algunas partes interiores.
    Saulo Agudelo les enseñó a sus hijos hombres, Sebastián y Santiago. Y después de haber trabajado por años a su lado en ese local que lleva casi 100 años dedicado a esta manufactura, les abrió espacios aparte, porque estaban estrechos.
    No ha querido que la hija aprenda esta artesanía por la rudeza del oficio.

    “Las manos se llenan de callos, porque muchos de los procesos son manuales”, y porque es preciso permanecer varias horas de pie, cortando y ensamblando, con la cabeza vuelta hacia abajo, y yendo a la máquina a coser los ribetes, a pasar otros ratos con la cabeza inclinada, “posición que cansa bastante de la columna vertebral”.
    Contrario a esto, en Envigado, en tiempos pasados, mujeres también hacían parte de la elaboración de estos bolsos, según cuenta Vedher.

    “A veces las esposas de los guarnieleros eran quienes se encargaban de la decoración. Algunas bordaban en lomillo el nombre del dueño”.

    De modo que si los orígenes de esta prenda son envigadeños, en Jericó es donde actualmente más se guarda su tradición. Unas diez guarnielerías están diseminadas por este municipio.
    “No sé si la tradición tenga un largo futuro —desconfía Saulo Agudelo—. Porque entre los muchachos de hoy, entre ellos mis hijos, conocen el arte y dicen disfrutarlo, pero cada uno está estudiando una profesión y uno no sabe qué decidan en unos años”.









    ALPARGATES o ALPARGATAS





    Con suela de cabuya retorcida y capellada de algodón en hilos gruesos de colores blanco y gris oscuro. Del empeine a la punta de los dedos van dos hilos gruesos, rojos, como adorno, invariablemente. Al otro extremo de la capellada, va un asa, ancha como un dedo y plana, que se ajusta detrás del jarrete y de la cual se sujetan los cordones que han de atarse sobre el empeine.

















                                  Se reunían alrededor de la hoguera y narraban cuentos de aparecidos, de animales, cachos o sustos, de los deslices de la vecina y lo hacían hasta que los agarraba el sueño.
    Antes de empezar los alimentos, entonaban una oración dando gracias a Dios por darles de comer sin merecerlo.

    En el pecho siempre llevaban un escapulario de la virgen del Carmen o una camándula hecha de achirillas y cristo metálico. Cumplían todos los dogmas y actos de Fé inculcados por el catecismo del padre Astete.

    Una de las penurias que sufrían estos arrieros y colonizadores eran las enfermedades y parásitos adquiridos en su vida trashumante. La diarrea, la fiebre, las calenturas, el paludismos, gota y otras que ellos llamaban mal de ojo. Arriero que se respetara no le podían faltar, piojos, pulgas, carangas, carranchil, niguas y las famosas candelillas o mazamorras entre los dedos de los pies.





















                                  Cada uno cogía y ensillaba de a cuatro bestias, o sea dos salditos y fuera de eso llevaban un bulto de carbón a la espalda. En invierno se sufría mucho porque los caminos eran muy malos, lo que se llamaba "canalones", ahí llegaban las mulas y se clavaban en el lodo, unas porque eran muy flacas, acabadas, entonces no tenían alientos para salir del hueco, ahí quedaban pegadas; había que retirarles la carga, sacarlas prácticamente de las orejas y la cola, sacarlas hasta un punto donde ellas se puedieran parar y volverlas a cargar.

    La arriería transportó mercancía con un peso mayor de 12 a 15 arrobas que era el peso que resistía una mula. Para esto la carga se repartía en dos mulas conducidas en fila india y llevando la carga en forma de camilla, soportada en unas varas de guadua, resistían así el peso de 30 a 40 arrobas.







    Un arriero es una persona que trabaja transportando mercancías como café, paja, corcho, trigo, carbón, maquinaria y muchas otras, cargadas fundamentalmente sobre los lomos de mulas, dada la fortaleza de estos animales.
    El arriero se encarga, arriándolas y siempre caminando a pie en medio de las mulas, de que éstas cumplan sus recorridos, por lo general muy extensos, y de que las mulas cumplan con transportar las valiosas mercancías que cargan de una manera confiable y segura hasta el lugar de destino.

    Además de la mula como principal medio masivo de transporte, los arrieros de diferentes lugares del mundo han utilizado también para el transporte caballos, burros y bueyes, pero en escala menor, dado que estos últimos animales son más lentos, torpes o inestables en comparación con la mula.

                                  En Colombia, los arrieros son personajes de leyenda, míticos del departamento de Antioquia, que sostuvieron la economía de esta región durante varios siglos y colonizaron parte del territorio nacional, la llamada región paisa, en las épocas comprendidas entre el siglo XVIII y el siglo XX, y aún en la actualidad, siglo XXI.

    Además de sostener la economía de Antioquia, los arrieros antioqueños forjaron y dejaron legados aún más importantes que el económico,constituyen el centro del mito fundacional de la identidad cultural regional. Desarrollaron una manera de ser única y propia que se quedó para siempre en el antioqueño, incluido el antioqueño contemporáneo. Crearon el "hecho paisa", algo imborrable en la historia y el futuro de Colombia y profusamente documentado por eruditos, antropólogos e historiadores. Existen interesantes y deliciosas crónicas, mapas de caminos, costumbres, valores, manera de trabajar y fotos antiguas sobre la arriería tradicional que refrendan lo dicho.

    Cada año se realiza en Antioquia un característico evento masivo de arriería de la cultura regional, denominado "La Mulada". Constituye un acontecimiento raizal, sui generis de la región, en forma similar a como son la charrería en México o la tradición gaucha en Brasil, Argentina y Uruguay.

    Durante La Mulada, desde varias ciudades y poblaciones paisas se reúnen cientos de arrieros con sus miles de mulas, y caminan con ellas durante 11 días por todo el territorio hasta llegar finalmente a Medellín, donde celebran sus tradiciones y recuerdos. En su recorrido, los arrieros reparten comida y regalos a los pobladores de menores recursos que encuentran a su paso.







    Los niños eran transportados en silletas a la espalda por los peones. Los corotos y bituallas se cargaban en mulas o bueyes. Estos iban adelante para que fueran trillando el rastrojo y luego detrás el hombre con su machete o peinilla cortando varas y bejucos estorbosos.

    En su viaje hacia el nuevo territorio llevaban gallinas, cerdos, vacas y uno o varios perros que no le puede faltar al campesino paisa.
    Después de una larga jornada, cerca a una quebrada hacían un claro en medio de la espesa selva. Descargaban los animales y encendían la hoguera para preparar comida y espantar las alimañas. Esto era tarea de las mujeres, mientras los hombres armaban un cobertizo para pasar la noche.

                                  Este era un viaje de muchos días y noches. Todo se convertía en una rutina hasta llegar al punto señalado, prácticamente era un ritual. Despertar al amanecer, desayunar, recoger, fregar y acomodar enseres de cocina, reunir los bueyes y mulas, cargarlos, preparar las silletas donde cargaban a los niños, ancianos y mujeres embarazadas, estar listos y continuar la marcha.
    Pero eso si, antes de empezar la jornada había que hacer un desayuno bien trancao y preparar el fiambre para el almuerzo. Consistía en una buena totumada de chocolate de bola, hecho de cacao molido con harina de maiz tostao. Este iba acompañada de arepa de maiz sancohado y fríjoles trasnochados con un trozo de carne ahumada. Para el almuerzo se empacaba papas cocidas y fritas con un poco del mismo fríjol recalentao, más huevo frito y arepa, todo esto empacado en hojas de biao o plátano.

    Estos arrieros capesinos eran demasiado religiosos hacia la fe cristiana, apostólica y romana. Antes de acostarsen rezaban el Rosario, una oración a las ánimas benditas del purgatorio, un padrenuestro por los familiares que se quedaron, otra al angel de la guarda.









                                  Dos tipos de arriería, de bueyes y de mulas, coexistieron en la historia antioqueña de modo que los arrieros se fueron adecuando a uno u otro según la conveniencia económica y otros aspectos de tipo geográfico, forma, composición, calidad y legalidad de la carga transportada.

    "A mí me tocó arriar bueyes, y la diferencia del buey con la mula es que en la arriería de bueyes hay que madrugar porque el buey se cansa ¿cierto? Entonces hay que madrugarles y hacer la misma jornada pero entonces tiene que madrugar más harto. Y la garantía que tiene el buey es que pa'l buey no hay camino malo, no hay camino malo; puede ser un solo charco puede ser cualquier falda y sube con la carga, ¿cierto?
    Lo que tiene el buey de malo es, pues, que le rinde menos el camino, el buey anda muy despacio". [H.G.]

    "Generalmente los arrieros trabajaban en "muladas" grandes de las cuales no eran propietarios; allí aprendían el oficio, iban perfeccionando su trabajo, vivían todo un proceso de ascenso, hasta que lograban ganar algún dinero y hacerse propietarios independientes de un número pequeño de mulas para salir al camino en asocio con otros arrieros independientes".















    Chistelandia !!!














    EL LIBRO DEL CURANDERO DE CULEBRAS


    En el Nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
    Instrucción del modo de curar culebras, y cuáles sean las contras que se deben aplicar a cada culebra por su nombre y las contras que se deben dar en común al picado y los baños que se le deben dar en qué tiempo y modo, lo mismo si el paciente está vuelto de sangre, y dolor de cabeza y se pasa a formar en la manera siguiente :

                                  Primeramente a saber : si la picadura fuere en el pie, se le darán tres ligaduras, una arriba del tobillo, la otra abajo de la rodilla, y en el muslo. Si el picado se ayare mal y arroja la sangre por la boca o por la picadura, y la echa fuera es de fuego, y está muy malo y si no se echa sangre es de frío; lo que arán, Reconocido, que sea el pasiente, será, recojer el veneno con el sobatorio, del sebo, y tabaco, baños de agua bretonica, o salbia amarga, o de otras contras.





                            A falta de estas le preguntará al pasiente en qué parte le duele en el cuerpo, y en la parte que le doliere, le recogerá el veneno, y le sacará pegándole la ventuosa, hasta que ella por sí sola roge el veneno, que será, reconosido cuando ya no sale la sangre colorada, en este caso está el veneno apasiguado; lo que hará será pegarle un papel enbarado de canturrón rosiado de contras, y le pondrá en la rajadura.

    Y si el picado es de frío, le aplica la bebida en vino, o en aguardiente; y a falta de esto en agua tibia, hechándole bastantes contras, y si es de Fuego o picado de tabardillo se le hechará poca contra, y con dulse. Y si está suelto de sangre por la boca o por la picadura, se le aplicará el limon herbido echo almíbar : si con esto no estancare, se buscarán siete lombrises magullándolas en la olleta que balla el fuego allí si con esto no estancare se le dará el sumo de unbisco tibio en una vebida correspondiente; y con las esperiencias de los picados no hay como sacr el veneno como queda dicho, que es el mejor modo de curar, y si el picado está con dolor de cabeza; le aplicará tres tragos de aguasal, que quede algo más picante de la que se come en la comida, y con esta pasará una cabeza de sebolla; de los tres dís para adelante se le echarán los baños, que está el veneno apasiguado, esto será asta que el pasiente no sienta nada.





    Si el hombre hubiere dormido con mujer, se pone una olleta al fuego, asta que esté bastante caliente, y luego la baja al suelo y le echará media pucha de aguardiente con bastantes contras, dandole a bever con lo demas; le sobará la corona y lo mismo hará sobarle los demás condutos de las collonturas y sobarle las palmas de las manos, y los piés ásia las plantas. Y si la mujer estubiere en cinta se le aplicará las bevidas con dulse; y si se siente dolorsito de cabeza en el vientre, y si se considera que puede mal-parir, se le aplicará una bela de sebo, en el vientre mojada en vino; y a falta de vino, la rais de la hullama, es buena mejor que la bela; y aplicada al vientre, si la picadura fuera de culebra virri, o otra vibora biolenta, que aga caer la carne a pedasos; se le plicará una harepa gruesa Rajada a la mita Rosiada con vino, que abarque los dos estremos de las piernas; y si fuere el pie con una basta, y que sea la harepa de mais chibo; y a falta de esto, el aseite es muy bueno, todo para no dejar caer la carne, y si no hubiere aseite ni vino, los baños de la salbia amarga, y de la bretonica.

                                        Y con esto se encierra todo, que es el modo de curar; que el veneno ase camino con una lista negra, y rajandole la cabeza de la lista del veneno, quedando la rajadura como dos dedos abajo de la lista que vá siguiendo arriba; se le pega la ventuosa hasta que salga el veneno, y eche la sangre colorada, en tal caso está el veneno apasiguado, y le pega un parchesito de canturron Rosiáo de contras o de sera negra, para acavar de sacar el veneno; este ba tivio. Esto se le puede aplicar en la picadura...





    EL CULEBRERO O YERBATERO PAISA

                                        El culebrero es generalmente un paisa varado (desempleado) que según dicen fuera de Antioquia, es un tipo de acento raro, que se deja crecer el pelo y haciéndose pasar por indio o del extranjero, viste en forma extravagante, siempre lo acompaña dos cajas de cartón, una donde lleva un serpiente a la cual le saca el veneno según él, para preparar la Serpentolidia y otros brevajes, pócimas y bebedizos para curar toda clase de males.
    Levanta tribuna en los mercados de cualquier pueblo colombiano o en el extranjero y haciendo alarde de su labia e imaginación empieza con la siguiente perorata.

    Señores y señoras, viejas y viejitos, señoritas viudas y casadas solteras y arrejuntadas. He llegado venido o arribado a esta ciudad pueblo aserío o conjunto de chozas para ofrecer entregar o regalar este nuevo producto que se llama aguja. Se toma nailon hilo piola pita o cabuya, se enhebra se ensarta pasa o mete por el ojo orificio o roto de la aguja. Lo digo de diferentes maneras para que me entienda el intelectual el hombre de mediana cultura el ignorante o el curioso como usted que por ganas de conseguir plata o mirar cosas prohibidas, como pepa de guama vino a caer aquí.
    Vengo voliando quimba desde la tierra del sol poniente, pasando por el Amazonas sin dar descanzo a mis patas para hablar con el señor Yolopongo el cacique sabiondo que me dió el secreto para curar sus males porque hace rato los guales están rondiando su cama y por encima satanás volando con el tridente en la mano para ensartarlo tan pronto cuelgue los guayos.

                                  Pero no se preocupe mi Don, señora o señorita viejos y viejitas que les tengo la solución. Si se le infla la barriga y le duele hasta la cola, con una yerbita sola que yo llamo llantén, cójamela usted muy bien hay mesmo me la machaca se la manda a la petaca y en diez días de diarrea le salen hasta icoteas y queda güeno otra vez.
    Para las gorditas, para las flacas, para la niña que ya le pica, que ya le pica caña al burro, para cazar maridos le tengo un saldo surtido de tangas tanguitas o calzonarias floriadas.




                                    Hay hombres que se atortolan por el negocio caído, su mujer ya se le ha ido buscando más garantía, no deje la cosa fría como gelatina vieja, en ayunas miel de abejas con leche vas a tomar y hasta se güelve a parar un muerto de treinta días.
    Usted señora o señorita, no se meta el dedo que la uña le puede hacer daño limpie sus dientes con palillos el gallinazo hecho con astillas de cañabrava.
    Si a su marido por la noche no se le para, no se le para el corazón mientras duerme es por pura suerte señora, usted tiene que darle miel de abejas todas las noches para que ese músculo se le ponga duro, bombee con más fuerza y aguante otros cien años de traqueteo.
    Pa' usted borrar esas manchas que le jodieron lacara hay una receta rara que yo solo la he vendido, coja un caracol molido y apachúrreme ligero cuatro limones enteros y se me unta esta pomada y si no sirve pa'nada, tiene que cambiarse el cuero.

    No puede tener un hijo mi señora, no sabe que hacer y por donde empezar ? ¡Pondiolina señora!, pondiolina todos los días antes de dormirse, una pastilla de pondiolina, lo mejor que han inventado pa;la fertilidad.
    Su perro cuando come se mueve mucho, y eso la desespera, póngalo a comer concentrado déle popy guau.
    Bendito sea mi Dios que le hizo la cresta al gallo, la cola al caballo y el pico al diostedé, a la mujer le dio por donde y al hombre le dio con qué.

                                Señora o señorita, siente que le pica y no aguanta el ardor y se tiene que estarse zobando para calmar la tormenta, metuesto por cinco minutos si usted lo permite y listo, metuesto la pomada que Nefertiti le untaba a Salomón más abajo del corazón para sanar las heridas que le dejaron las balas perdidas que le tiraba el impío Hisbulá.
    Si su esposo mi señora es muy perro ese vergajo, cójase un pelo de abajo, de los del jarrete del pié, arranque callos vusté y tres pelos del sobaco, embútaselo al verraco en un pocillo de cacao y ahí tiene usté al desgraciao, pa' onde usted lo volté.
    Fin de la retahila del paisa culebrero.